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GUAPA

Foto del escritor: Santiago MazaSantiago Maza

Álbum: Distinto

Música: Diego Torres

Año: 2010





La letra de esta canción está increíble y parece escrita para la Virgen María. No era la intención de Diego Torres, pero nos puede servir para decirle lo mismo mil veces a María: guapa, guapa, guapísima. Curiosamente la letra de la canción nunca dice eso, pero así se titula: Guapa.


Tú me enseñaste que tan simples son las cosas. Tú me enseñaste a dar amor y nada más. Y que no importa si recibes algo a cambio. Y descubrir que en esta vida hay algo más. Y dondequiera que yo esté, tú vas a estar…


Son pocas las escenas de la Virgen en el Evangelio, pero muchas cosas se aprenden de cada una de ellas.


La primera enseñanza llega con el Ángel en la Anunciación: he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra… y el verbo se hizo carne. La vida cristiana no consiste tanto en hacer como en dejarse hacer. No se trata de lo que tú haces, sino de lo que Él hace en ti… y así de simples son las cosas.


Le podemos dar mil vueltas a las enseñanzas de la Iglesia para complicarlas, pero en el fondo es muy “simple”. Cuesta trabajo y hace falta esfuerzo, pero el camino es simple… y la Virgen nos da ejemplo.


Tú me enseñaste a dar amor y nada más. Hasta dónde sabemos, así vivió María: en Belén y en Nazaret, pensando especialmente en José y en Jesús. ¿Y cuál es el secreto de la Virgen? Nos lo comparte en Caná, cuando da el mejor tip de la vida a los sirvientes de la boda: hagan lo que Él les diga. Primero lo vivió ella —primero es el ejemplo— y luego nos lo recomienda: haz lo que Él te diga, esa es la clave… descubrirás que en esta vida hay algo más.


Así de simples son las cosas. ¿Por qué a veces las complicamos? ¿Queremos que Cristo reine en nuestros corazones? Pues déjalo entrar. Dile mil veces que quieres que Él reine en lo más profundo de tu ser… y luego actúa en consecuencia.


Mientras tanto la Virgen… Y como un ángel cuidarás de mí. Cuando me pierda y deje de reír. Y como el viento que me cuenta, que el invierno está por venir… Y este mundo que gira de nuevo, aunque me sienta al revés; como un ave que no para el vuelo: sé que no voy a caer.


Ella no nos dejará caer. Si nos tomamos de su mano y no nos soltamos, podemos tener la seguridad absoluta de que no nos va a soltar. Como un ave que no para el vuelo: sé que no voy a caer.


Ojo a lo que muchísimas generaciones han repetido al rezar el Acordaos: que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti… por eso, animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de vírgenes.


Tú me enseñaste a pensar antes de actuar… Típico consejo para quien está descubriendo la virtud de la prudencia, pero ve qué padre ejemplo el de la Virgen en Nazaret. El Arcángel se aparece y la invita a ser madre de Dios. Ella no se apresura y pregunta ¿cómo va a ser eso? Quiere entender un poco mejor lo que va a pasar… o mejor dicho, quiere entender un poco mejor su participación en esa llamada: ¿y qué tengo que hacer? No como dudando y pidiendo ser convencida, sino como convencida que imagina el camino concreto y los pasos que tiene que dar. La respuesta del Arcángel la tranquiliza, no se trata de lo que tú tienes que hacer, sino que el Espíritu Santo bajara sobre ti. No se trata de que tú hagas, Dios hará todo… siempre y cuando digas que sí. Y María acepta rendidamente: he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra. Y Dios se hizo hombre… Y dondequiera que yo esté, Tú vas a estar.


Primero madre de Dios, luego madre de la humanidad… madre mía y madre tuya. Y podemos decirle: y como un ángel cuidarás de mí… Cuando me pierda y deje de reír… Aunque me sienta al revés… Sé que no voy a caer…




 
 
 

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